Todo mal. A Cristina Kirchner no le ha salido nada bien desde que asumió la presidencia de la Argentina, y ni siquiera le puede echar la culpa a su antecesor porque fue su marido. La renuncia horas atrás del ministro de Economía, Martín Lousteau, ni siquiera es el epílogo de la crisis con el campo. Se va el ministro que anunció el aumento de retenciones a la soja que desató una huelga campesina que duró 21 días, pero este adiós no significa mucho. El 2 de mayo, los productores rurales insisten en que volverán a cortar rutas y dejarán de enviar alimentos a las ciudades, si es que el gobierno de Cristina persiste en su intención ajustar el cinturón del campo.

En medio de un crecimiento del país a tasas chinas, con la posibilidad de cosechas récord al alcance de la mano, con una reactivación económica clara que no se detiene desde el 2002, la soberbia del éxito terminará por condenar al país a una nueva espiral de inflación y conflictos sociales. Cristina intentó repetir la fórmula que coronó la gestión de su marido, pero nada le sale bien. Ella marcha por las calles de París, pidiendo por la liberación de Ingrid Betancourt, pero en los supermercados de Buenos Aires no se encuentra harina. Ella se fotografía con luchadores por los derechos humanos, pero sus simpatizantes reparten trompadas contra los que manifiestan contra el Gobierno. La maldita realidad cotidiana de la Argentina choca con sus sueños de grandeza.

Con estos dos párrafos, Darío Gallo, escritor del blog de elmundo.es: Crónicas del Cono Sur, pero también editor jefe de la Revista Noticias, intenta sintetizar la realidad política y económica por la que está pasando el país.

Y si, “Todo mal” con Cris. Cada día estoy más convencido que su esposo la detesta, o por lo menos la odia. Sino, ¿como se explica el país que le dejó? y cómo se la sigue complicando hasta cuando no está en el poder. Realmente un matrimonio para analizar.

Por cierto, el nuevo ministro títere al frente del Ministerio de Economía es Carlos Fernández (si, es increíble otro Fernández, ni que fueran los García. Y eso que no tienen nada que ver, pero esto ya parece una monarquía familiar). Digo títere, porque este es como Felisa Miceli, le preguntaron que ideas o estrategias tenía para su nuevo cargo, y que pudo decir: “No voy a hablar de eso, voy a esperar a reunirme con la presidenta [y ver que me ordena que haga!]“.

Update 27/04/08: encontré un post de Juan Rattenbach, otro joven blogger, que trata sobre como la edad de Martín Lousteau pudo influir en su renuncia: ¡Juventud, divino, tesoro!