Profesores secundarios

Hace unos días, me encontré con la directora mi colegio primario, en el colectivo yendo a la facultad. Tuvimos una conversación, que se hizo eterna, porque el viaje no terminaba más. Pero hablamos de infinidad de temas, habidos y por haber.

Uno de ellos fueron los profesores y profesoras del secundario. Ella hacía una clasificación que me llamó mucho la atención, porque lograba explicar el por qué de algo que nunca había entendido: la variada personalidad de los distintos profesores.

Según ella, por un lado están los profesores que salieron de una universidad. Esos que no llegaron (o no quisieron) ser Licenciados en Matemática, por ejemplo, pero que si hicieron el profesorado en matemática, con los mismos que estudiaban la licenciatura. O aquellos que terminaron la carrera universitaria y por vocación se dedicaron a la docencia.

Estas son personas que ven el aprendizaje todo el tiempo, y de las dos formas: el docente le enseña al alumno, pero el alumno también le enseña al docente. No se queda con lo que ya sabe, sino que sigue investigando y perfeccionándose. En general, éstos son los que encaran proyectos dentro del colegio, buscan charlas, planean visitas, aprenden nuevas tecnologías y formas de enseñar.

También, suelen ser personas exigentes, tanto con sus alumnos como con ellos mismos. Pero contrariamente a lo que uno piensa respecto a la exigencia, suelen ser muy queridos por los chicos al final del año.

Por otro lado, están los profesores de profesorado. De acuerdo a un profesor que tuve hace algunos años (que también da [o daba] clases en un profesorado), son personas que buscan trabajar, antes que enseñar. Por ahí intentaron con una carrera universitaria, pero les resultaba larga y/o muy difícil. Y como dije, quieren (o necesitan) trabajar.

La demanda de maestros y profesores es permanente. Siempre hay colegios y escuelas que necesitan varios nuevos cada año. Porque se enfermó, porque va a tener familia, porque se jubiló, por esto, por lo otro. Ser profesor o maestro es trabajo asegurado y formal. Si uno realmente necesita trabajar, hay lugares asegurados: podés ser policía, meterte en el ejército, o ser docente.

Una vez que este tipo de profesores se reciben y obtienen su título, se les acaba su tiempo de aprender. No acepta cuestionamientos de ningún tipo, pues ellos son PRO-FE-SO-RES, y tienen un título que lo dice. La razón está en su palabra y no hay vuelta atrás. No aceptan un “ah” de sus alumnos, los padres e incluso directivos de donde trabajen.

En general, son del tipo que solo va al colegio a dar su clase, bien o mal, y en el horario indicado (aunque si es posible, 5 minutos antes también) se retira. No se mete en proyectos colectivos, no se ve seducido por ningún tipo de olimpíada o participación por grupos, no suele organizar competencias, etc.

Aunque tampoco hay que ser tan extremista de generalizar y encasillar a las personas, esta tendencia existe en los centros educativos medios. Y en mi opinión, es realmente preocupante. Porque al igual que los alumnos, los docentes también han empeorado su educación. Y para que la educación de los alumnos mejore (algo que ha estado en el debate público de los últimos años), primero hay que mejorar la educación de sus educadores, los docentes.

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